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Para formar parte de algo importante hay que tener suficiente entereza
de carácter, saber compartir las victorias al igual que los momentos de
crecimiento, disciplina y expansión.
Eso nos obliga a ponderar nuestra propia persona. ¿Nos sentimos “siervos
de Dios” y por lo tanto, “agentes libres”, o somos siervos bajo la
dirección del hombre que el Señor ha levantado en la iglesia o
agrupación a la que pertenecemos? Efectivamente que todos servimos a
Dios, pero tiene que ser a través de un hombre.
Mediante la historia de los Valientes de David, descubriremos el secreto
de ser personas indispensables para cualquier organización.