
|
|
La vida cristiana no es un asunto puramente del corazón. Una persona que vive movida por sus sentimientos es un cristiano inmaduro y carnal, ya que para alcanzar la madurez, se requiere esfuerzo y autoevaluación.
Quienes hacen a un lado esta importante premisa, se estancan en su desarrollo y se convierten en un odre viejo, con un cristianismo arcaico, obsoleto y disfuncional.